La Democracia Inesperada trata del fin de un período histórico y el comienzo de una nueva época, en la que estamos aún dando los primeras pasos y, por tanto, no es fácil capturar sus padrones dominantes. La época que ahora está terminando coincide en buena medida con el siglo XX y fue dominada por el lugar central que en ella ocuparon las clases sociales como factor estructurante de la vida política e ideológica, a partir de los embates entre la burguesía y el proletariado o entre propietarios de tierras y campesinos, desdoblados en sindicatos, partidos socialistas y revoluciones. Se trata de un período donde las reivindicaciones sociales se organizaron como derechos colectivos en tomo al mundo del trabajo, y que se expandieron a través del Estado de bienestar, a otros sectores de la sociedad.
Visión del mundo sustentada en un trípode en cuyo vértice se encontraban las clases sociales como organizadoras de la estructura social, el sindicato como principal estructurador de los intereses de los trabajadores y el partido político como formulador de las utopías sociales ha perdido su actualidad. Las transformaciones del capitalismo y la derrota del comunismo diluyeron el papel estructurador de las clases sociales, disminuyeron la importancia de los sindicatos y fragilizaron los partidos políticos en general y los de izquierda en particular.
El anti-liberalismo no puede ser un alibi intelectual para dejar de responder a Ia cuestión: tqué nuevos tiempos son estos? La respuesta de este ensayo es que vivimos en sociedades cada vez más democráticas, en las que los valores igualitarios se profundizan al tiempo que avanza la desigualdad social. La democratización de los valores y expectativas a través de la expansión de los sistemas de comunicación, la consolidación del individualismo y de la sociedad de consumo, el debilitamiento de las jerarquías sociales, el fortalecimiento de la llamada “sociedad civil” y la diseminación del discurso de los derechos humanos han venido fomentando el sentimiento compartido de interdependencia y de común humanidad entre todos los habitantes del planeta. Sin embargo, aumentan también las dificultades de los regímenes democráticos para dar cuenta de la creciente desigualdad socioeconómica y enfrentar la multiplicación de los problemas sociales, en particular, de la violencia. En América Latina, esa contradicción adquiere una magnitud particular en razón de las expectativas desencadenadas por el proceso de democratización.
La democracia se consolidó, pero no es la democracia esperada. Este ensayo busca explorar los por qué de la democracia inesperada, centrándose en el análisis de cómo ella se construyó en relación a la dinámica social, a la individualización, a la democratización de las relaciones sociales y a la transformación de los mecanismos de representación política.

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